Cementerio museo de San Pedro, Medellín

Los cementerios son patrimonio cultura y arquitectónico de las ciudades donde se encuentran. Como ya sabéis los miércoles os mostramos cementerios de otras partes del Mundo, estos paseos virtuales no hace ver que en muchas ciudades fuera de España los cementerios están protegidos, cuidados e incluso declarados Monumentos Nacionales. Es una pena que aquí no tengamos la misma idea aún sabiendo que dentro de las paredes de nuestros cementerios se guardan retazos de historia de nuestro país.

Esto no es así en el Museo Cementerio San Pedro, situado en la ciudad de Medellín en Colombia. Aquí además de cuidar y mantener las obras escultóricas y arquitecturas representativas del arte funerario, el espacio ha comenzado a organizar eventos ales como conciertos bajo la luna llena, narraciones y obras de teatro y danza.

Pero sin duda lo más significativo de este Museo Cementerio son sus monumentos funerarios, levantados en memorias de algunas de las más destacadas figuras de la historia de Colombia.

Este recinto abrió sus puertas por primera vez en 1842 cuando se fundó el cementerio en la pequeña Villa de la Candelaria, población que apenas contaba con nueve mil habitantes. El crecimiento de la población fue importante en los siguientes años e importantes familias comenzaron a asentarse en la ciudad.

El 8 de julio de 1842, por iniciativa de Pedro Uribe Restrepo y junto a varios caballeros de las familias más pudientes, acordaron la fundación de un nuevo cementerio que cubriera la carencia del antiguo cementerio de San Lorenzo.

Se decidió comprar un terreno en el camellón de El Llano a don José Antonio Muñoz Luján y un 30 de septiembre de 1842 se firmaron las escrituras. Al comienzo al cementerio se le denominó “el cementerio nuevo” o de San Vicente de Paúl. Esto fue así hasta el año 1871, cuando toma el nombre de Cementerio de San Pedro. Miembros de la élite comercial, política e intelectual de la época fueron enterrados aquí conociéndosele también como el “cementerio de los ricos” o “la ciudad blanca” por la gran cantidad de mausoleos y esculturas realizadas en mármol de Carrara traídos directamente desde Pietra Santa, Italia.

La ciudad continuaba creciendo y a su vez el cementerio debía acondicionarse para cubrir la necesidad de la población. Se adquieren los terrenos aledaños y se comienza la primera galería y posteriormente se vuelven a llevar algunas obras de la que se destaca la capilla.

La capilla que hoy se conserva, fue edificada en 1929. Los detalles que más destacan de su belleza son las tallas en madera en el altar y en el mueble que contiene el órgano. Además de esta capilla en el patio central del Cementerio se construyen mausoleos, esculturas y verdaderas obras de arte dignos de representar y recordar personajes ilustres de la historia de Antioquia y Colombia.

Entre estos, se ven reflejados en el cementerio, movimientos artísticos como el clásico, romántico, gótico, neoclásico y neogótico entre otros. Uno de ellos y que más llama la atención es el “Ángel del Silencio”, situado en la plazoleta central. Un ángel guardián representa y sugiere una actitud de recogimiento en el sitio o última morada terrenal.

Sin duda un cementerio que se ha ganado el reconocimiento como museo para que las generaciones venideras puedan aprender historia, arquitectura y el patrimonio que se forjó en su ciudad.

Clara Redondo

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