Cementerio de Palma de Mallorca

Información

Dirección: Carrer de Jesús, 2. 

Horario: 

De lunes a viernes: de 9:00 a 14:00 y de 17:00 a 20:30 horas. 

Sábados: de 9:00 a 14:00 horas. 

Domingos: Cerrado. 

Tfno (cementerio): 971 761 643.

Coordenadas Google Maps: 39.587897, 2.638004

Cementerio de Palma de Mallorca

La historia del cementerio de Palma de Mallorca comienza cuando en 1787 el rey Carlos III emite una cédula en la que señala la conveniencia y necesidad  por higiene de terminar con los enterramientos dentro de recintos sacros y comenzar a inhumar en sitios más ventilados.

En lo que hoy se conoce como la plaza de Santa Eulalia se asentaba el cementerio parroquial de esta localidad. Y así ocurría con todas las parroquias aunque en Palma estaba también el cementerio del “Camp Roig”, que se ubicaba detrás del Hospital General  en un terreno donado por Mateo Roig  en 1584 para los fallecidos en el hospital general y militar, este camposanto desapareció en 1878.

 Mientras tanto y con la orden que emite el Rey en Mallorca hacen oídos sordos hasta que en 1804, el entonces obispo de Mallorca encarga el proyecto a un arquitecto italiano y bajo las directrices de la cédula real, buscan un lugar apropiado para construir un cementerio para la ciudad. El lugar elegido sería un lugar llamado “Sa Punta” en los extramuros de la Puerta de Santa Catalina.

Presionados por todos los requisitos  del Rey en Mallorca se crea una Junta para la construcción de cementerios y nombran al arquitecto encargado del proyecto comisionado para diseñar los planos y el calcular el presupuesto de todos los cementerios de la isla.

Dentro de toda esta vorágine el proyecto se fue complicando, se perdieron los planos, no había acuerdo sobre la elección de terrenos ni sobre sus tasaciones y entonces la Junta decidió sólo ocuparse del cementerio de Palma de Mallorca. El punto más complicado fue la elección final del terreno donde debía asentarse el cementerio. Al ya nombrado “San Punta” se le sumó otro lugar llamado “cementerio de los apestados” que se había utilizado en una fuerte epidemia, y aunque estaban decididos por este último espacio surgieron detractores argumentando la posibilidad de peligros higiénicos al remover los antiguos enterramientos.

No sin muchas contradicciones al final el elegido fue otro terreno llamado “Son Tritlo” sito en las cercanías del Convento de Jesús y que reunía las condiciones requeridas por el Rey.

Comenzó la obra por dos maestros albañiles que se comprometieron a ejecutarla en el plazo de un año así pues en  1809 declararon que habían finalizado su trabajo. Lo realizaron bajo su criterio pues los planos del arquitecto italiano se perdieron y de lo que posiblemente hubiera sido una planta rectangular con una entrada monumental, galería porticada interior y capilla situada en el cuerpo posterior paso a ser, un terrenos de tres niveles que posteriormente se enlazaron mediante escalinatas, cercado con simple valla y la capilla situada en el terraplén superior.

Por fin, en marzo de 1821, era bendecido por las autoridades competentes y comenzaron los enterramientos que se produjeron de manera anárquica teniendo constancia de las primeras inhumaciones en el año 1825, que aún se pueden encontrar en la pared de la circunferencia del sector segundo. Unos pocos años más tarde en la década de 1850, ya tuvo que ser ampliado haciéndose en aquella época los enterramientos en hileras, una tumba al lado de la otra, con agrupaciones llamadas cuadros y jardines dentro de los cuadros.

A finales del siglo XIX, se inicia otra ampliación y reconstrucción del sector 1 y siguiendo las corrientes de los cementerios de Barcelona y Francia se introduce un estilo más modernista al que se le calificó como cementerio “nuevo”. Esta nueva ampliación terminó  en 1938, se diseñó la entrada con un jardín para poder pasear, vías anchas, y que deja de lado los entierros acumulados y masivos que se realizaron en todo el sector segundo.

La ornamentación funeraria también se vio incrementada en esta época, se ve un mayor esmero en la decoración de las tumbas en la que participaron algunos de los principales escultores de Mallorca. Su simbolismo cambia por completo siendo ahora la más predominante los ángeles que se representan como seres misteriosos y con unas cualidades de mensajeros y custodios, intermediarios entre Dios y los hombres.

Las catacumbas de este cementerio representan  uno de los pasajes más horribles vividos en la historia de esta ciudad. Fueron utilizadas intensivamente en el Siglo XX para enterrar a la gran cantidad de fallecidos durante la epidemia de la Gripe de 1918. Como dato podremos decir que sólo en el mes de noviembre se enterraron en Palma 600 personas.

En los muros del cementerio orientados a Sa Riera, fueron fusiladas cientos de personas, siendo éste el principal lugar de referencia para estas ejecuciones debido a que estaba alejado de la ciudad. En la parte externa del cementerio hay una placa conmemorativa que recuerda este hecho y rinde homenaje a las víctimas, entre ellas el alcalde de Palma en la Segunda República, Emili Darder.

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