Fairview Lawn Cementery, Halifax

¿Quién no conoce la historia del Titanic? Aquel imponente barco de pasajeros que contra todo pronóstico se hundió en las gélidas aguas. Supervivientes hubo algunos sí, pero también hubo fallecidos. Unos desaparecidos abrazados por el mar, otros, rescatados y enterrados en puntos distintos del planeta.

Hoy os mostramos el cementerio Fairview Law en Halifax, que tiene entre sus muros a nada más y nada menos el descanso eterno de más de cien víctimas.

El cementerio se encuentra en el extremo norte de Halifax y como compañero de “vida” tiene otros dos cementerios anexos: el cementerio Saint John Anglican por un lado y el Baron de Hirsch Cementery por el otro.

Este cementerio comenzó su andadura en 1893 debido a la saturación del cementerio de Camp Hill. Fue construido sobre los restos de un antiguo fortín que defendía a los habitantes de Halifax de los ataques del pueblo Mi’kmaq. La empresa que adquirió el terreno quiso construir un cementerio no confesional; esto hace que en la actualidad el recinto tenga distintas secciones representativas de los residentes de Halifax durante el siglo XX.

Pero sin duda lo más llamativo de este parque cementerio son los enterramientos de las víctimas del hundimiento del RMS Titanic, más que en cualquier otro cementerio en el mundo.

Casi todos los enterramientos son anónimos, las tumbas están dispuestas en cuatro líneas en una ladera inclinada. El topógrafo EW Christie proyectó tres largas filas de tumbas en suaves curvas que se iban adaptando a la orografía. Por coincidencia (o no) la suave inclinación de la ladera sugiere el contorno de la proa de un barco.

La mayoría de las estelas funerarias son pequeños marcadores de granito gris con el nombre y la fecha de la muerte. Una de las tumbas más conocida era la de un niño no identificado, conocido durante décadas como The Unknown Child pues nadie reclamó su cuerpo y los gastos de su entierro corrieron a cargo de los marineros del CS Mackay-Bennett, barco que recuperó a muchas de las víctimas del hundimiento. Sobre el frío granito reza la inscripción “Erigido para la memoria de un niño desconocido cuyos restos fueron recuperados después del desastre del Titanic del 15 de abril de 1912”. Noventa años después, el niño fue identificado, Sidney Leslie Goodwin de 19 meses de edad, falleció junto a toda su familia.

Otra de las tumbas más visitadas es la que reza como “J. Dawson”. Su popularidad se la debe a James Cameron, cuando para el personaje interpretado por Leonardo DiCaprio escoge el nombre de Jack Dawson. Los cinéfilos dieron por hecho que Cameron escogió ese nombre como un pequeño homenaje a uno de los viajeros del Titanic, pero no, nada más lejos de la realidad. El propio Cameron tuvo que decir públicamente que no se inspiró en esa tumba en concreto. Posteriormente se ha descubierto que la tumba en realidad pertenece a Joseph Dawson, un irlandés que trabajó en la sala de calderas del Titanic como recortador de carbón. Nada que ver con el personaje de DiCaprio. Aún así aclarado el entuerto, a la tumba no le faltan flores como recuerdo, no está mal.

Veintinueve víctimas más del Titanic están enterradas en otras partes de Halifax; diecinueve en el cementerio católico romano de Mount Olivet y diez en el cementerio judío Baron de Hirsch.

Está claro que todos los cementerios albergan historias, todos. En algunos también convive el arte funerario y los magníficos panteones, sin embargo aquí lo más significativo son las historias anónimas de aquellos que no pudieron sobrevivir al hundimiento del famoso barco.

 

Fotos: Wikipedia y Find a Grave

Clara Redondo

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