Mujeres ilustres: Elsa Schiaparelli

Si te sales de lo establecido, si eres excéntrica, si te guías por tus instintos en lugar de seguir el mismo camino que los demás la sociedad por norma general te mira como si fueras una rara avis.

Elsa Shiaparelli fue una de esas mujeres ilustres que tanto nos gusta dar a conocer desde aquí. A pesar de que no siempre aparece en los medios de comunicación, ella consiguió encontrar una maravillosa simbiosis entre el arte y la moda cuando la alta costura estaba centrada en el minimalismo de Coco Chanel.

Elsa nació en Roma en 1890, su padre era decano de la Universidad de La Sapienza y por su lado materno corría sangre de Los Medici. La infancia de Elsa transcurrió entre algodones y… estrellas; su tío Giovanni Schiaparelli le mostró el Universo y las postales que nos regala cada noche.

Elsa desde temprana edad mostró ya unas ideas claras; su nombre no le gustaba, así que pidió que se le llamara Schiap porque por Elsa no contestaría. Pisaba fuerte la niña. Estudia Filosofía y Letras en la Universidad de Roma, y al terminar la carrera sorprende a todo el mundo escribiendo y publicando “Arethusa” un libro de poemas eróticos. Fue un escándalo, y para calmar la aguas, sus padres la envían a un convento pensando que allí entraría en vereda. Pues no. Schiap se puso en huelga de hambre para que la sacaran de allí.

Salió, claro que salió, y se marcha a Londres. Allí conoce al conde William de Wendt de Kerlor y con apenas 18 años se casa con él. Corría el año 1914, la Primera Guerra Mundial daba sus primeros pasos y el matrimonio emigra a Estados Unidos. Se instalan en Nueva York donde Schiap se queda maravillada de toda la modernidad de la ciudad que se encontraba en plena ebullición. Se queda embarazada y al dar a luz a su hija María Luisa Yvonne Radha “Gogo”, su marido las abandona por la bailarina Isadora Ducan.

Sola, sin trabajo y con su hija, Schiap decide establecerse en París, había que salir adelante. Retoma antiguas amistades y se inicia en el movimiento del dadaísmo de la mano de Francis Picabia; también se enamoró del surrealismo al conocer a Man Ray, con quien congenió de inmediato. Sus amigos artistas fueron los que le animaron a abrir su primera tienda; el proyecto se culminó en 1927 cuando Pour le Sport ,situada en el número 4 de la rue de la Paix, abre sus puertas.

Una de sus primeras prendas revolucionarias fue la falda pantalón; lejos de convertirse en una moda efímera, la trasladó al mundo del deporte. En 1931 la tenista española Lilí Álvarez la usa en el Roland Garros de París y después en el torneo de Wimbledon, hecho que fue un escándalo en la época, claro.

Como diseñadora comenzaba a tener prestigio; otro de sus revolucionarios proyectos fue unos suéteres de puntos con trampantojos de lazos en blanco y negro.

Inquieta, impulsó el término “branding”: sus vestidos eran exclusivos y eran una clara imagen de la diseñadora, que amplió el mercado creando una línea de bolsos y gafas. Suyo es el color “shocking”, un rosa fucsia del que se enamoró al verlo en el diamante Cartier de una amiga suya. Comenzó a incluir este color en sus vestidos, pañuelos, barras de labios… pronto se convirtió en el tono corporativo de la casa.

Su idea de unir arte con costura hizo que cultivara multitud de relaciones con artistas, uno de sus más íntimos amigos fue Salvador Dalí. Juntos comenzaron una serie de colaboraciones, la más “sonada” fue el vestido que mostró Wallis Simpson poco antes de su matrimonio con Eduardo VIII. En el vestido de organdí reposaba una enorme langosta.

Rompedor y fruto de sus ideas surrealistas es el vestido “Skeleton”. El pintor y la diseñadora lo idearon quedando en un principio en el aire. Al poco tiempo Schiap recibe una nota del pintor: “Estimada Schiap, me gusta la idea de “huesos en el exterior”, lo acompañaban unos bocetos y en 1938 nace el vestido, (¡nos lo pedimos!).

Las estrellas del cine del momento vestían sus modelos, la asistencia a sus desfiles privados eran muy cotizados; de hecho ella concibió el espectáculo dentro de los desfiles. La modernidad de sus diseños, sus atrevidos colores y ese estilo desenfadado hizo que se convirtiera en una de las figuras legendarias de la historia de la moda.

En 1953 decide que ya es hora de su retiro, publica su autobiografía, Shocking Life y cierra su casa de costura. Se marcha a su casa de Túnez donde continua manteniendo sus amistades y a su manera siguió diseñando. En 1973 fallece en París, la diseñadora que ha inspirado a Carolina Herrera, Issey Miyake o Yves Saint Laurent entre otros descansa en el cementerio parisino de Saint Eloi.

 

Clara Redondo

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