Mujeres Ilustres: Margarida Borràs

 

Fue paseando por Valencia hace un par de meses cuando encontramos esta placa en la Plaza del Mercado; nos llamó la atención y quisimos conocer su historia.

Hija de un notario (creen), Margarida era una mujer conocida y activa entre las altas esferas de la Valencia del siglo XV. Muy bella y pizpireta, enseguida se hizo famosa entre la alta burguesía.

Y es que Valencia en el siglo XV experimentó un gran crecimiento urbano, siendo un centro económico importante. Habitaban en ella mercaderes de gran parte de Europa que se dedicaban al comercio marítimo, lo que convertía a la sociedad valenciana en hedonista, tolerante y muy abierta. Tanto que el burdel ocupaba un barrio que estaba dentro de la ciudad, bien visto por los Fueros y protegidos por las autoridades.

Este barrio estaba compuesto por cuatro calles, lo que le convertía en el mayor complejo de prostitución de Europa, llegando a albergar a 150 mujeres dedicadas a este trabajo. El burdel se convirtió en uno de los principales atractivos de la ciudad, y fue muy elogiado por los escritores extranjeros que narraban sus viajes.

Por otro lado, estamos hablando del siglo XV, época en la que se ponía solución a cualquier problema colgando, decapitando o garroteando a quien molestara o no cumpliera la ley. Y encima esto, era un entretenimiento de masas. A falta de tele, las familias iban a pasar el día viendo ajusticiar a asesinos, herejes y otras gentes consideradas de mal vivir.

Así, en la ciudad de Valencia, estaban distribuidas las zonas de ejecución: la horca se colocaba cerca de la Catedral de Valencia, enfrente de la calle Caballeros, si se iba a ejecutar a uno de esta condición; cerca del actual Jardín Botánico se colgaba a los herejes, y en la plaza del Mercado a todo tipo de delincuentes: asesinos, parricidas, uxiricidas… y sodomitas.

No se sabe si fue por venganza de alguno de sus diez amantes, por envidias, celos, o algún ego herido, pero Margarida fue una de las personas ajusticiadas en la plaza del Mercado aquel 28 de Julio de 1460.

Era la primera vez, al menos que quedase registrado, que se ejecutaba a alguien por tener genitales masculinos y vestirse y comportarse como solía hacerlo una mujer de la época.

Además de ser torturada mientras estuvo encarcelada, para su ejecución la vistieron con ropa considerada masculina, dejando sus genitales a la vista de todos. Al toque de trompeta, el alguacil leyó sus cargos y fue ejecutada por ahorcamiento. Su cuerpo fue trasladado a la fosa común que se encontraba junto al río Turia, donde acababan todos los ejecutados que no merecían un entierro.

De todo esto dejó constancia el sacerdote Melcior Miralles, capellán de Alfonso el Magnánimo que asistió a la ejecución. Como de otras muchas muertes, asesinatos, ejecuciones y demás, tomó nota y la incluyó en su dietario. Es el único recuerdo que queda de este asesinato. Aparte de lo ya contado, en las anotaciones aparece que sus amantes también fueron apresados y torturados, pero de ellos no aparecen sus nombres ni lo que pasó con ellos. Además, La Inquisición no llegó a Valencia hasta 1484, por lo que tampoco existe ningún documento al margen de lo que escribió el capellán.

 

Clara Redondo

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