Mujeres ilustres: Rosario Sánchez Mora, La Dinamitera

Rosario abandonó su pueblo natal en la adolescencia marchándose a Madrid al amparo de unos amigos que se habían hecho cargo de ella cuando falleció su madre. Con unas inquietudes políticas muy definidas, nada más llegar a la capital se hizo militante comunista, alternándolo con un trabajo como aprendiz de corte y confección; corría el año 1936 momento en el que estalla la Guerra Civil.

Una jovencísima Rosario se incorpora a la Milicias Obreras del Quinto Regimiento, partiendo el 19 de julio de 1936 hacia Somosierra para detener a las tropas del General Mola. De carácter luchador y decidido, a Rosario no le importo no tener nociones de artillería o instrucción militar, ella junto a otras compañeras participaron en el frente, alejándose de los puestos de enfermeras o auxiliares que normalmente ocupaban las mujeres.

Después de dos semanas de enfrentamientos, la batalla abierta se transformo en una batalla de posiciones y Rosario fue destinada a la sección de dinamiteros, donde fabricando una bomba casera perdió la mano al estallarle un cartucho. A pesar de la gravedad de las heridas consiguieron salvarla la vida; después de la recuperación se volvió a reincorporar a la división, pero esta vez como encargada de la centralita del Estado Mayor Republicano. Aquí tuvo oportunidad de conocer a Miguel Hernández, Vicente Aleixandre y Antonio Aparicio, escritores y poetas republicanos.

Cuando se presentó la oportunidad de volver al frente, Rosario no se lo pensó y junto a más de doce mil hombres. Estos compusieron la 46ª División, que intervino en la ofensiva hacia Brunete. Tal fue la magnitud del ataque, que el pueblo depuso las armas en unas horas y Rosario fue asignada para realizar el trabajo de jefa de cartería con la categoría de sargento; su cometido era ser el hilo conductor con el Estado Mayor y facilitar la correspondencia a los soldados.

A pesar de estar comprometida con la causa, Rosario también tuvo tiempo para el amor. Contrajo matrimonio civil con Francisco Burcet, quedándose embarazada poco tiempo después. La felicidad duraría seis meses, pues su marido fue destinado a Teruel. Rosario se queda en la capital embarazada y con la desazón de no saber si volvería a ver a Francisco. Comienza a trabajar en la oficina de Dolores Ibárruri reclutando a mujeres para cubrir los puestos de trabajo que dejaban los hombres cuando marchaban al frente.

Esa desazón aumenta cuando Rosario deja de recibir correspondencia de Francisco; el desequilibrio entre tropas tras la Batalla del Ebro hace suponer a Rosario que su marido ha podido escapar hacia Francia.

Finalizada la Guerra Civil, Rosario, conocedora de lo que se avecina, intenta escapar hacia Alicante junto a su padre. A la pequeña Elena la deja al cargo de la segunda mujer de su padre. Cuando llegaron al puerto de Alicante donde esperaban junto a 15000 republicanos la llegada de los barcos de Sociedad de Naciones, fueron apresados. De camino hacia el campo de concentración de los Almendros fusilan a Andrés Sánchez, su padre, pero Rosario es liberada y trasladada a Madrid. Allí es nuevamente detenida, esta vez por sus propios vecinos falangistas, y encarcelada primero en la prisión de Villarejo, comenzó un peregrinaje carcelario que se alargaría durante tres años pasando todo tiempo de penurias. Fue puesta en el libertad el 28 de marzo de 1942, casualmente el mismo día que en una prisión de Alicante fallecía el poeta Miguel Hernández autor de un poema dedicado a la “dinamitera”.

Rosario, dinamitera

Rosario, dinamitera,

sobre tu mano bonita

celaba la dinamita

sus atributos de fiera.

Nadie al mirarla creyera

que había en su corazón

una desesperación,

de cristales, de metralla

ansiosa de una batalla,

sedienta de una explosión.

Pero no todo fue miel sobre hojuelas y Rosario fue desterrada obligándole a permanecer a más de 200 kilómetros de su pueblo. Junto a una compañera de prisión se instaló en El Bierzo, pero su condición de madre le atormentaba y pese a tener la prohibición de acercarse a Madrid, hizo caso omiso y se presentó en la capital para poder ver a su hija que se encontraba al cuidado de su suegra. Desde allí comenzaron a buscar nuevamente a Francisco, e investigando descubrió que como el régimen franquista había anulado todos los matrimonios civiles, el que hasta ese momento había sido su marido rehízo su vida casándose de nuevo.

Tras este traspié Rosario volvió a contraer matrimonio teniendo nuevamente descendencia, pero se separó a los dos años. Sin amedrentarse, sacó fuerzas para ganarse la vida y sacar adelante a sus hijas, primero vendiendo tabaco de contrabando en la plaza de Cibeles para posteriormente abrir un estanco en la calle Peña Prieta de Madrid.

Esta gran mujer falleció el 17 de abril de 2008, las banderas republicanas le acompañaron en su último viaje y personalidades destacadas de la política acudieron a su funeral para despedirse de Rosario que nunca se arrepintió de las decisiones tomadas a lo largo de su vida, como ya dijo en una ocasión:

“Yo luché en un época en la que las mujeres no luchaban. No salían de sus casas y yo tuve esa oportunidad. Salí con los comunistas y luché con ellos, jamás tuve queja de ningún camarada y sí, perdí la mano pero no me importó, iba dispuesta a perder la vida”.

 

Clara Redondo

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