Obituario: Gino Bartali

Nuestro protagonista de hoy fue héroe con dos caras; el que todos conocieron cuando ganó dos veces el Tour de Francia y tres el Giro de Italia, y el héroe anónimo que realizó una encomiable tarea para ayudar a los demás aunque no se supiera hasta después de su fallecimiento.

Así pues no es de extrañar que la competición del Giro de Italia para el 2018 comience en Jerusalén (teniendo en cuenta que Australia participa en Eurovisión y que el Paris Dakar no pasa por ninguna de las dos ciudades, ni siquiera por sus continentes), ya que han querido rendir tributo a un gran hombre aunque sencillo y humilde como él mismo decía cuando le llamaban héroe:

“No, no, yo quiero que me recuerden por mis logros deportivos. Los héroes reales son otros, aquellos que sufrieron en su alma, su corazón, su espíritu, su mente, por sus seres queridos. Ellos son los héroes reales. Yo soy solo un ciclista'”.

Ante estas palabras Gino Bartli ya demostraba su dimensión humana; no en vano, está considerado uno de los más grandes ciclistas del siglo XX.

Gino Bartali nació un 18 de julio de 1914 en el seno de una familia campesina de Ponte a Ema. La familia a pesar de ser humilde no pasaba las penurias que pasaban otras por la Gran Guerra aunque pronto Gino tuvo que empezar a trabajar. Con solo 13 años entró como aprendiz en un taller de bicicletas, ya no se desprendería de ellas. Su primera bicicleta fue regalo del dueño del taller quien le animó para que entrenase y Gino enamorado ya de las bicicletas comenzó a subir por las escarpadas carreteras de la región. Una magnífica zona de entrenamiento.

Comenzó participando en algunas carreras infantiles, para a los quince años entrar en las filas de la Società Sportiva Aquila, el club de su pueblo. Entrenó y en 1933 se proclama campeón juvenil. En 1935, después de sufrir una grave caída, que le dejó como característica de por vida su nariz de boxeador, Gino debuta como profesional dejando clara su habilidad como escalador. Su esfuerzo y determinación hace que al año siguiente gane su primer Giro de Italia, aunque no le dio tiempo a disfrutar de su gesta, su hermano Giulio sufre un accidente y fallece. Gino se rompe en dos e incluso piensa en dejar el ciclismo, pero su círculo de amistad y su familia le alientan para que siga compitiendo en honor a su hermano. Eso, sumado a la profunda fe católica que ya profesaba hizo que Bartali siguiera compitiendo, y menos mal.

Los años siguientes Gino Bartali consigue hacerse con dos Giros más y dos Tour de Francia; hay que reconocer que si lo valoramos hoy una no sabe ni como lo consiguió. Gino entrenaba, sí, pero era habitual verle fumar entre etapa y etapa, hecho que desesperaba a sus contrincantes; su comida distaba mucho de ser la más correcta para un deportista de élite e incluso se permitía beber una copa de vino en ellas. Vamos, a día de hoy impensable y más si contamos que en aquellos años las bicicletas no eran como las de hoy en día.

Italia políticamente vivía tiempos convulsos; el dictador fascista Benito Mussolini estaba en el poder oprimiendo a la población italiana, sobre todo a la comunidad judía a la que perseguía para colmar sus ansias antisemitas. Ávido de protagonismo, Mussolini pensaba que si un italiano triunfaba en el Tour de Francia mostraría la superioridad de la raza italiana ante el resto de Europa.

La gran gesta que realizó Bartali ganando el Tour de Francia en el año 1938 hizo que se le considerara cercano al régimen fascista, pero ¡qué equivocado era ese calificativo!.

Bien es cierto que Bartali ganó sí, pero Gino era antifascista, el que todo el mundo creyera lo contrario le benefició, vamos, a él directamente no, pero si a muchas, muchísimas personas.

Durante la II Guerra Mundial el arzobispo de Florencia, Elia Dalla Costa, se puso en contacto con Bartali; necesitaba un gran favor y contaba con la innegable fe católica del ciclista. Como todos por desgracia sabemos, durante esa contienda millones de judíos fueron exterminados en campos de concentración,así que el arzobispo fue claro en su petición: necesitaba que Bartali fuera considerado afín a Mussolini para poder llevar documentación falsa y así salvar a judíos que se refugiaban en Italia de los nazis alemanes.

La respuesta de Gino fue inmediata, sí, ayudaría en lo todo lo que pudiera. Así fue como Gino aprovechó la parada obligatoria durante la II Guerra Mundial para convertirse en correo y llevar fotografías, documentación y pasaportes escondidos en el cuadro de su bicicleta para poder salvar a judíos del Holocausto.

 

Gino era perfecto para tal misión, él pedaleaba y pedaleaba todos los días unos 300 kilómetros parando en los puntos de recogida y entrega de la documentación. ¿Para el resto del mundo que hacia? Entrenar. Bartali entrenaba duro diariamente para cuando la guerra acabara y las competiciones volvieran a la palestra. Cuando los soldados del Duce le paraban, él no dudaba en pararse y saludarlos, los soldados encantados claro, no en vano era “el ciclista del Duce” y un orgullo nacional. El correo perfecto con la coartada perfecta.

Esto le sirvió para pasar totalmente desapercibido y salvar la vida de 800 judíos. Aquel hombre tosco con la nariz de boxeador y sencillo, hizo una labor extraordinaria sin esperar nada a cambio.

Pero también estuvo a punto de ser descubierto; Gino fue conducido a Villa Trieste, conocido acuartelamiento fascista de Florencia cuando los camisas negras alegaron que el comportamiento de Bartali era sospechoso. El ciclista sabiendo nadie se atrevería a poner trabas al ciclista del Duce, argumentó que entrenaba y que nadie podía impedirle montar en bici. Sobre todo dejó claro que la bicicleta no fuera registrada ya que estaba diseñada y calibrada para obtener la mayor velocidad posible. No la tocaron.

Bartali pudo continuar con su labor durante unos meses más, aunque finalmente le pudo tener que proteger a su familia y pasó a la clandestinidad durante un tiempo. Eso no le impidió seguir apoyando la causa, ya que dio refugio a su amigo judío Giacomo Goldenber y a su familia sin importarle que los alemanes mataran a cualquiera que escondiera a los judíos.

Aún después de esto, Gino Bartali consiguió victorias haciéndose con el Tour de Francia en 1948 y el Giro de Italia en 1947, diez años después de sus primeros triunfos.

Tras su retiro siguió vinculado al mundo del ciclismo; director del equipo San Pellegrino, comentarista de la RAI, vendiendo bicicletas con su nombre, su fiel compañera le acompañaría de por vida.

Durante sesenta años Gino jamás alardeó de su colaboración para salvar judíos, jamás. Quizás lo hizo para proteger a su familia, quizás por no jugar con las vidas ajenas o simplemente quizás porqué “estas cosas se hacen y basta”. Sólo en los últimos años de vida Gino se lo confesó a su hijo, después de que este rascara en el pasado a pesar de que Bartali le quitara importancia a sus gestas; la profesional y la personal.

Este gran hombre falleció el 5 de mayo del año 2000 en su localidad natal de Ponte a Ema donde fue enterrado para que después su historia fuera cogiendo forma y se le pudiera dar el reconocimiento que se merece. Seguramente él le hubiera quitado importancia, seguro.

Clara Redondo

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