Rito funerario tinguian

Los Tinguian son una tribu pagana filipina que habita en la provincia de Abra, en el noroeste de Luzon. Durante la invasión española fueron obligados a cristianizarse, pero a partir del siglo XIX se les devolvieron sus derechos como tribu a la hora de practicar creencias y rituales, como a otras tribus de la zona, con la condición de que no llamaran mucho la atención y su convivencia fuese pacífica.

Como todas las poblaciones con leyes y costumbres propias tienen sus propios rituales de nacimiento, casamiento y cómo no, defunción, que es en el que nos centraremos.

Creencias

Según los Tinguian la enfermedad y la muerte son causadas por malos espíritus, como castigo a los que se niegan a obedecer las costumbres. También puede ser provocada por mortales, a través de la magia, y tienen claro que las muertes violentas las causa el propio hombre.

En el caso de que la enfermedad la hayan causado los malos espíritus, existen varios rituales para expulsar la enfermedad del cuerpo. Si este método falla y el enfermo muere, la familia se viste con prendas viejas y entra inmediatamente en un periodo de luto, mientras que los amigos y vecinos ayudan a preparar el entierro.

Preparativos

El funeral es un gran evento en el pueblo tinguian. Primero se baña al difunto para que su espíritu pueda estar limpio y se le coloca en un asiento hecho de bambú al final de la casa. Este asiento, conocido como “sangádel”, se construye colocando tres largos postes de bambú apoyados contra la pared y uno cruzado, como si fuera un caballete de pintura.

El cadáver es vestido con sus mejore ropas y joyas, y sobre su cuerpo se colocan mantas, cinturones, faldas y diferentes prendas que debe llevar como ofrenda a sus antepasados al Maglawa, su futuro hogar.

También se coloca un pollo vivo detrás de la silla como ofrenda, que después se llevará el amigo que retire los postes de bambú. Se ofrece carne de cerdo a los espíritus, y sus intestinos se cuelgan en la puerta hasta que el cuerpo es enterrado. En el patio, en la esquina noroeste de la casa, un cuenco de arroz ofrecido al espíritu Al-lot, evita que la gente se enfade durante el funeral.

Además, hay que atender las necesidades del espíritu del difunto: se le llevará alimentos cuando los demás también estén comiendo y habrá dos frascos de licor siempre velando su cuerpo.

Para ahuyentar a los malos espíritus, se cuelga un pollo vivo de la puerta como símbolo de que en esa casa ya ha entrado el sufrimiento y no es necesario más.

Akop es uno de los espíritus más temidos por las viudas: tiene cabeza, piernas y brazos largos y viscosos, pero ningún cuerpo. Siempre está cerca del lugar de la muerte y espera para abrazar a la esposa del difunto y llevársela consigo.

Para protegerse de él, se erige una barricada de almohadas en un rincón de la habitación, y detrás de ella, la viuda permanece escondida durante los tres días que dura el velatorio en la casa; durante la noche duerme bajo una red de pesca para que los largos dedos del espíritu no puedan cogerla.

Mientras tanto, dos o tres ancianas ejercen de plañideras junto al cadáver y vigilan a la viuda. Esta puede acercarse al cadáver cada x tiempo, arrastrándose, con una manta blanca sobre la cabeza, para no ser descubierta por Akop.

Las familias se rigen bajo reglas estrictas: no pueden trabajar y solos e alimentan de maíz. No pueden tocar nada con sangre ni mover los brazos mientras caminan. Se les prohíbe montar a caballo y por supuesto, no pueden ir a fiestas ni salir de la aldea. Excepto para la esposa, estas restricciones se levantan después de la ceremonia de sangre y aceite, pero la viuda continua de luto hasta que se celebra el Layog, después de un año.

En la mañana del tercer día, los varones se reúnen en el patio, y después de beber “basi”, se azotan 100 veces con una varilla en la muñeca o en el muslo. Tienen que hacerlo todos los varones presentes excepto aquellos cuya mujer esté embarazada, pues su esposa sufriría un aborto involuntario. El propósito de estos azotes es hacer que todas las personas se sientan tan mal como los parientes del difunto.

Entierro

Este se suele hacer debajo de la casa, ya que es mucho más fácil defender el cuerpo contra los espíritus malignos y la lluvia.

Hacia el mediodía los hombres van preparando la sepultura. Esta tiene forma de L en vertical. Primero se recogen los restos del último difunto allí enterrado y se hace un paquete con ellos que se almacena en el fondo de la fosa.

Cuando está preparada, se avisa a los familiares y llega el momento de la despedida. La esposa y los parientes cercanos se lanzan sobre el cadáver, lo acarician y lloran salvajemente. Después de un rato, una anciana trae algunas semillas antiguas ensartadas en un hilo en forma de pulsera, y las pone en las muñecas de las personas allí presentes para protegerlas de Akop, quien después de no haber podido llevarse a la viuda, puede tratar de descargar su ira en los demás.

Antes de ser enterrada, la perdona difunta es despojada de sus ropas, que se queman, y envuelta en una esterilla. Es depositada en la tumba, que se sella con arcilla y sangre de un cerdo sacrificado sobre ella. Este animal se corta y se entrega a los allí congregados, que camino de vuelta a sus respectivas casas, ofrecerán a la tierra para que la muerte o la enfermedad no les visite.

Como una protección adicional contra los espíritus , se coloca un punto de arado de hierro sobre la tumba, porque la mayoría de los espíritus malignos temen al hierro y durante esta noche y las nueve siguientes, se mantiene un fuego ardiendo en la tumba y al pie de la escalera de la casa.

A la mañana siguiente, la viuda, va al río, tira su diadema al agua y luego se mete sola. Mientras se hunde en el agua, un anciano le arroja paja de arroz ardiendo “El agua lavará parte de la tristeza y el fuego aclarará sus pensamientos”.

El Tabú

Suele durar 10 días, pero en caso de que haya una razón urgente como la siembra o la cosecha, se puede acortar. Se concluye con la ceremonia de sangre y aceite. Los lakay, los otros ancianos del poblado y todos los parientes se reúnen en la casa del luto, mientras los médiums se preparan para la ceremonia. Matan a un cerdo pequeño y recogen su sangre en un plato; En otro recipiente colocan aceite. Se ha hecho un cepillo con una variedad de hojas, y este medio se sumerge en la sangre y el aceite, luego lo dibuja sobre las muñecas o los tobillos de cada persona presente. Se frota un poco de aceite también sobre sus cabezas y todos, excepto la viuda, son liberados de las restricciones.

El Layog

Varios meses después del fallecimiento (casi siempre cercano al aniversario) los familiares y amigos convocan esta ceremonia con la intención de mosrar respeto por los muertos y hacer que la familia olvide su dolor. El basi, el cerdo, arroz y vaca se preparan para comer. Cerca de la casa se prepara una silla para el difunto, y en ella se coloca ropa y comida. En el patio se coloca un armazón para las ofrendas a los espíritus

La duración de esta ceremonia depende en gran medida de la riqueza de la familia, ya que los familiares deben proporcionar todo lo necesario en este momento. Se juegan juegos, y hay mucha bebida y canto; pero antes de que los miembros de la familia puedan participar, se visten con buenas ropas y se les repite la ceremonia de la sangre y el aceite. Al final del baile, entran en la casa, enrollan la estera usada por los muertos, abren las puertas y ventanas, y todos son libres de hacer lo que quieran. En caso de que no puedan enrollar el tapete en este momento, debe permanecer hasta que se retenga otro Layog; y durante el intervalo están en vigor todas las restricciones anteriores.

Paloma Contreras

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